Durante el día anterior a la cumbre de Helsinki, la historia principal en primera página del New York Times siguió siendo la misma: “En la reunión con Trump, Putin sale ganando”. El titular de The Sunday estuvo en armonía con el tono de la cobertura informativa general en Estados Unidos. En cuanto a los comentarios de los medios, The Washington Post era el más contundente, ya que editorializó que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es “un adversario extranjero implacablemente hostil”.

Ahora el desprecio por la diplomacia con Rusia es extremo. Los principales periodistas de Estados Unidos y los principales demócratas a menudo hostigan al presidente Trump en términos de suma cero. Sin duda, Hillary Clinton pensó que estaba enviando aplausos en su tweet el domingo por la noche: “Pregunta para el presidente Trump cuando se encuentra con Putin: ¿Sabe para qué equipo juega?”

Una postura belicosa hacia Rusia se ha vuelto tan rutinaria y generalizada que no podemos pararnos a pensar, y eso lo hace aún más peligroso. Después de que el presidente George W. Bush declaró: “Ustedes están con nosotros o en contra de nosotros”, muchos estadounidenses gradualmente se dieron cuenta de lo que estaba mal, con una visión maniquea del mundo. Tal perspectiva es aún más peligrosa hoy en día.

Desde principios de 2017, los medios de comunicación de Estados Unidos lo han cubierto con el grosero equivalente político de una técnica de pintura conocida como claroscuro: “el uso de fuertes contrastes entre la luz y la oscuridad, usualmente contrastes audaces que afectan toda una composición”, en palabras de Wikipedia. El frenesí del Russiagate trata principalmente de ofrecer contrastes entre los Estados Unidos (angélicos y victimas) y Rusia (siniestra y homicida).

Innumerables historias con hechos selectivos se cuentan de esa manera. Pero otras historias basadas en hechos selectivos también podrían ser contadas para retratar a Estados Unidos como un homicida siniestro y a Rusia como una víctima angelical. Esos gobiernos y sus medios de comunicación conformistas son incansables en decirlo de cualquier manera. Como el gran periodista I.F. Stone observó hace mucho tiempo: “Todos los gobiernos mienten, y nada de lo que digan debe ser creído”. En otras palabras: no confíe, verifique.

A menudo, las mentiras más grandes implican lo que no se dice. Por ejemplo, los medios estadounidenses raramente mencionan asuntos tan importantes como la gran expansión de la OTAN hasta las fronteras de Rusia desde la caída del Muro de Berlín, o la descarada intervención de Estados Unidos en las cruciales elecciones presidenciales de 1996, o la retirada del gobierno de Estados Unidos en 2002 del Tratado de Misiles Antibalísticos, o las más de 800 bases militares estadounidenses en el extranjero, en contraste con las 9 de Rusia.

Una carta abierta para la cordura

Para la supervivencia humana en este planeta, se muestra una verdad global en una carta abierta publicada la semana pasada por la revista The Nation: “Ninguna ventaja política, real o imaginaria, podría compensar las consecuencias si tan solo una fracción de los arsenales de Estados Unidos y Rusia fuera utilizado en un intercambio termonuclear. La pretensión tácita de que el empeoramiento de las relaciones ruso-estadounidenses no empeora las probabilidades de supervivencia para las próximas generaciones es profundamente falso”.

Los 26 firmantes iniciales de la carta abierta –”Puntos en común: para elecciones seguras y seguridad nacional verdadera”– incluyen al denunciante de los Papeles del Pentágono Daniel Ellsberg, la escritora y activista feminista Gloria Steinem, el exembajador de la ONU Bill Richardson, el analista político Noam Chomsky, la exoficial de operaciones encubiertas de la CIA Valerie Plame, el líder activista Rev. Dr. William Barber II, el cineasta Michael Moore, el exconsejero de la Casa Blanca con Nixon John Dean, el erudito ruso Stephen F. Cohen, el exembajador de Estados Unidos Jack F. Matlock Jr., los escritores galardonados con el Premio Pulitzer Alice Walker y Viet Thanh Nguyen, la editora de The Nation Katrina vanden Heuvel, el exsenador Adlai Stevenson III y la exmiembro del Comité de Servicios Armados de la Cámara Patricia Schroeder (yo también fui uno de los firmantes iniciales).

Desde su lanzamiento hace cinco días, la carta abierta ha conseguido el apoyo de una petición ya firmada por 30.000 personas. La campaña de petición apunta a ampliar la llamada a proteger la infraestructura digital del proceso electoral que ahora es “vulnerable a posibles piratas informáticos establecidos ​​en cualquier lugar”, y a tomar “medidas concretas… para aliviar las tensiones entre las superpotencias nucleares”.

Necesitamos un cambio importante en el enfoque de Estados Unidos hacia Rusia. Claramente, el cambio necesario no se iniciará por los líderes republicanos o demócratas en el Congreso; debe venir de los estadounidenses que hagan que sus voces sean escuchadas. Las vidas, e incluso la existencia de las generaciones futuras están en juego en la relación entre Washington y Moscú.

Muchos de los firmantes de base de la petición han publicado comentarios junto con sus nombres. Aquí están algunos de mis favoritos:

* Desde Nevada: “¡Todos compartimos el mismo planeta! ¡Mejor aprendamos cómo hacerlo de manera segura o afrontemos las consecuencias de volarnos a nosotros mismos!”

* Desde Nuevo México: “La Tierra no sobrevivirá a una guerra nuclear. Las armas que tenemos hoy pueden causar mucha más destrucción que las de eras anteriores. Debemos encontrar un camino hacia un terreno común”.

* De Massachusetts: “Es imperativo que tomemos medidas para proteger la inviolabilidad de nuestras elecciones y para prevenir la guerra nuclear en cualquier parte del mundo”.

* Desde Kentucky: “Las elecciones seguras son una parte fundamental de un sistema democrático. Pero esto podría perder sentido en caso de guerra termonuclear.”

* Desde California: “Solo hay locura y arrogancia hablando de beligerancia hacia los demás, especialmente cuando tenemos armas tan peligrosas y el error humano casi ha llevado a nuestra aniquilación ya más de una vez en el último medio siglo”.

Sin embargo, una amplia gama de medios de comunicación, en particular la cadena MSNBC, obsesionada con el “Russiagate”, sigue incitando a los progresistas a subir a cumbres de patriotismo antirruso. La línea de la marcha a menudo está en sintonía con los grandes halcones republicanos como los senadores John McCain y Lindsey Graham. El incesante redoble de tambores está en sintonía con lo que Martin Luther King Jr. llamó “la locura del militarismo”.

Mientras tanto, como dijo el Dr. King, “Hoy todavía tenemos una opción: coexistencia no violenta o coaniquilación violenta”.

Norman Solomon es el coordinador del grupo activista en línea RootsAction.org y el director ejecutivo del Institute for Public Accuracy. Es autor de una docena de libros que incluyen “Es fácil hacer la guerra: cómo los presidentes y los expertos siguen haciéndonos girar hacia la muerte”.