El mitin del partido de extrema derecha VOX, con cerca de diez mil asistentes, según los medios de comunicación, ha suscitado un torrente de comentarios, la mayoría de los cuales de alarma por el ascenso de la extrema derecha en España. Es como si, de repente, el fascismo hubiera brotado como una especie de seta que comparece en el bosque de la noche a la mañana, provocando la perplejidad de los comentaristas políticos.

Pero no, el fascismo no ha aflorado por generación espontánea, ni por arte de magia. En España la semilla del fascismo, sinónimo de franquismo, incubaba tapada por la vergüenza de unos, la mala conciencia de otros o, simplemente, porque no estaba de moda. Hasta que un día los ideólogos de la derecha, envalentonados por la mayoría absoluta empezaron a actuar «sin complejos». Mientras en los medios de comunicación fueron apareciendo cada vez más articulistas y tertulianos críticos con la evolución de la democracia española, a la vez que defendían más abiertamente la obra de Franco. No había sido suficiente el golpe de timón del 23F del monarca, que recortó los deseos más autonomistas. Las ansias uniformizadoras del nacionalismo español se fueron instalando paulatinamente en gran parte de los espacios políticos y comunicativos desde donde, gota a gota, se formaba (algunos dirían adoctrinando) el pensamiento colectivo.

Y las autonomías se convirtieron en culpables de todos los males, en contraposición a un Estado «eficaz». Las lenguas cooficiales se volvieron una imposición para el monolingüismo español. De repente, los cantautores catalanes, aclamados en la capital en tiempos de la transición política, pasaron a ser abucheados en plena democracia. Y en pocos años, de la recogida de firmas contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña (contra los catalanes), se pasó al ¡a por ellos!, que volvieron a gritar los franquistas en el mitin reciente de VOX.

Un grito y unas consignas, las de la extrema derecha franquista, que no son nuevos. Hace años que los oímos en boca de dirigentes de Ciudadanos, del Partido Popular y de buena parte del PSOE, hasta que la catalanofobia ha llenado de odio el corazón de gran parte de los españoles. No, el modelo de España que defiende VOX no es muy diferente del que se ha ido forjando en la mentalidad de gran parte de los españoles. Un modelo que reniega de la diversidad cultural, que quiere ser monolingüe y que nunca ha renunciado a españolizar, que significa lo mismo que castellanizar, a todos los ciudadanos.

La transición política no rompió con el franquismo, es evidente. Pero la concepción franquista de la unidad de la patria, basada en el uniformismo, no viene únicamente del franquismo, sino que se ha seguido propagando en tiempos de la democracia, especialmente a partir de la mayoría absoluta de José María Aznar, contaminando los cuerpos policiales, las altas instancias judiciales y el pensamiento de gran parte de los españoles. Y, unos y otros, son partidarios de defender esta España con todos los medios que el Estado tiene a su alcance: los servicios secretos (o cloacas), manipulación mediática, represión judicial y, si es necesario, la violencia policial.

En este contexto, la extrema derecha se siente impune. Guerrillas fascistas atacan a ciudadanos en Valencia y son tratados como «ciudadanos con banderas españolas». Policías atacan ilegalmente a la población civil y son condecorados. Incluso la manada ha encontrado defensores en las televisiones estatales.

No, la ideología de la extrema derecha no nace de la ciudadanía, sino que se cultiva desde las más altas instancias económicas, políticas y mediáticas, que la abonan y riegan de manera abundante. ¡Y así crece!

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