Breve historia de lo sucedido durante las dos décadas que nos llevaron a él

El principal objetivo de este breve relato de ficción es el denunciar a todos los inconscientes o corruptos que desde los platós de “nuestras” televisiones, siguiendo las directrices de unas élites mucho más delirantes y perversas aún, nos van llevando, poco a poco desde hace años pero ahora muy aceleradamente, a la hecatombe final. Es una ficción sobre el “maravilloso” mundo unipolar que existiría tras la caída de Rusia y China. Caída que tanto parecen anhelar todos esos inconscientes o corruptos creadores de opinión que están en la nómina de aquellos que Edward Curtin califica como “los locos nucleares que dirigen la Nueva Guerra Fría de Estados Unidos y la OTAN, que iniciaron hace décadas, [y que] están deseando empezar una guerra nuclear con Rusia”. Al igual que también los califica de locos Diana Johnstone, uno de cuyos importantes libros se titula precisamente De locura en locura: Dentro de la planificación de la guerra nuclear del Pentágono, y cuyo artículo titulado “Para Washington, la guerra nunca termina”, publicado hace unos días en www.l-hora.org, sería de obligada lectura.

Hace algo más de dos décadas las cosas aún no parecían estar claras para nuestras sociedades. Eran los albores de Nuestro Mundo Feliz, cuando en 2021 se empezó a imponer el pasaporte verde y a continuación, tras la trampa de Ucrania, se consiguió romper a la Rusia de Putin, el paranoico y megalómano nuevo Zar. Pero después ya vino la asimilación del gigante chino a partir de muchas inteligentes operaciones de todo tipo (algunas semejantes a la de Ucrania) en países del mismo entorno de China e incluso en otros más alejados como Australia y Nueva Zelanda. Aunque entonces a estos acontecimientos se los llamó guerras híbridas, en realidad sería más exacto calificarlos de procesos de liberación. Pero, más allá de cómo se los quiera considerar, fueron, en todo caso, guerras justas, que nos condujeron a Nuestro Mundo Feliz actual.

Yo tan solo soy un tipo de cíborg con más elementos cibernéticos que orgánicos, pero otros cíborgs más inteligentes y hasta los humanos, que en breve empezarían a estar ya conectados corporalmente a la Red, comprendieron la necesidad y efectividad de los posicionamientos, tan valientemente radicales, de países como Australia y Nueva Zelanda en la cuestión de la vacunación masiva obligatoria, del pasaporte verde y de un fuerte rearme. Al igual que también comprendieron que, efectivamente, como algunos rebeldes venían afirmando, todos estos acontecimientos (guerras, crisis económicas, pandemias…) formaban parte de un mismo proyecto. Ambos países, que constituyen un verdadero quinto continente, serían piezas claves para controlar al gigante chino, cada vez más poderoso. Pero, claro, había una fundamental diferencia entre las tesis de aquellos rebeldes y las de nuestros líderes: ellos llamaban proyecto de dominación mundial a aquello que para nosotros era la instauración de Nuestro Mundo Feliz actual.

Es nuestro mundo. Un mundo sin dinero, en el que nadie posee nada pero todos somos ya felices. Un mundo sin estados, ni nacionalismos, ni guerras. Un mundo sin ejércitos en los que las Fuerzas Policiales Unificadas aseguran nuestra tranquilidad y defensa frente a las acciones terroristas de los irreductibles negacionistas antivacunas y los autodenominados antiimperialistas por la libertad. Un mundo en el que nuestra poderosa Élite Suprema, de la que tan orgullosos estamos, ha asumido generosamente toda responsabilidad a favor de nuestro bienestar.

Nuestros guardianes de la auténtica libertad empezaron por tomar medidas semejantes a las de bloquear páginas como las de Rusia Today o Sputnik. Era lo que había que hacer frente a una Rusia autocrática que controlaba fuertemente la información e intoxicaba al mundo. Porque una cosa es reprimir la Mentira, de la que provienen tantos males, como hacen nuestros Nobles Líderes y otra es impedir que la información circule libremente, como hacía el autócrata Putin. Era ciertamente intolerable que los cabecillas ideológicos rebeldes utilizasen Internet para campañas como la dedicada a calificar aquella época de “Tiempo de mediocres, cobardes y traidores”, refiriéndose a los líderes que estaban construyendo Nuestro Mundo Feliz siguiendo las directrices del Nobilísimo Círculo Supremo.

Ahora circulan clandestinamente rumores de que las potencias del mal no han sido totalmente vencidas. Rumores de que Rusia volvió a renacer de sus cenizas como renació tras la II Guerra Mundial, en la que fue la principal artífice de la derrota del nazismo con el enorme sacrificio de 27 millones de víctimas mortales, dos de cada tres de los cuales eran civiles. Rumores de que inmediatamente detrás de las estrictas fronteras que circundan tan eficazmente Nuestro Mundo Feliz, existe otra realidad que se resiste a desaparecer. Incluso pretenden alarmarnos con la teoría de que más allá de estos territorios de la antigua Rusia hay aún cosas mucho más sorprendentes. Pero los Servicios de Verificación del Ministerio de la Verdad ya están en ello. Seguro que más pronto que tarde, acabarán con esas insidias y nos mostrarán las evidencias de que solo existe una realidad, la de Nuestro Mundo Feliz.

Existen incluso quienes dicen, apoyándose en torpes referencias a la física relativista y cuántica, que existe otro mundo paralelo al nuestro, en el que no se consiguió imponer el pasaporte verde y en el que ni Rusia ni China fueron derrotadas. Llevando sus delirios al extremo, afirman que es Nuestro Mundo Feliz el que no es real, que cíborgs y humanos vivimos abducidos en una realidad virtual de ficción en los reducidos territorios que antes fueron Europa. Afirman que nos están engañando, ya que más allá de nuestras infranqueables fronteras protectoras sigue habiendo vida a pesar de que todo fue arrasado por nuestras precisas, sofisticadas y eficaces armas.

Pretenden así hacer dudar a Nuestro Mundo Feliz del más importante e incuestionable de Nuestros Nobles Principios: no existe otra realidad que la que nuestro Ministerio de la Información y la Verdad nos presenta. Ni la hay ni puede haberla, ya que todas las imágenes y noticias que él nos proporciona se ajustan a la realidad con una perfectísima precisión técnica y científica.