Contraportada

La analista internacional y periodista española nos deja una obra de enorme valor radiográfico e investigativo, a medio camino entre el ensayo y la recopilación de testimonios y entrevistas sobre la realidad del llamado «corazón de África». Las actuales intervenciones europeas de claro sesgo neocolonial, las planificaciones del poder corporativo y sus consecuencias más dramáticas, que son los genocidios, son aquí tratados con rigor y compromiso comunicacional.

«Desde niña he alimentado mi interés por esas tierras lejanas y desconocidas de África leyendo y escuchando todo lo que tenía a mano, que no era mucho. lo que empezó como un amor fomentado por las charlas de las y los misioneros en las escuelas de los años 80, combinado con mi pasión por comunicar, acabó convirtiéndose en mi profesión y especialización.

Tras años de trabajo y dedicación, mi amor por el Continente Negro se ha convertido en una visión crítica del paternalismo y los estereotipos que dominaban y aún dominan las historias que nos llegan a España, Europa, Occidente… ahora lucho cada día para hacer frente a esa imagen dañina para los africanos y africanas, que hago extensible a todos los pueblos del Sur».

Rosa Moro

Prólogo de Javier Couso

El libro que tienes en tus manos es un libro valiente y necesario. Valiente porque rompe con una ocultación criminal hacia un continente desangrado por el Occidente rico de la superioridad moral y necesario porque, desde el rigor ameno, ayuda a entender no solo África, sino hasta dónde pueden llegar las élites estadounidenses y sus adláteres para mantener el orden unipolar construido sobre matanzas, genocidios y dominación militar, política y cultural.

Las palabras «matanza» o «genocidio» no son un recurso retórico ni, por supuesto, una exageración; hablamos de más de diez millones de personas asesinadas solo en la región de los Grandes Lagos, una salvajada que conmocionó al mundo vendida por las grandes transnacionales de la información casi como una catástrofe natural inevitable, fruto del salvajismo inherente a los subdesarrollados y sectarios africanos. Trucos del determinismo racista para ocultar lo que fue una masacre sistemática de los grandes poderes estadounidenses para mantener el saqueo de los grandes recursos naturales bajo el subsuelo de la zona y que son imprescindibles, no solo para las nuevas tecnologías, sino para la protección de la anglo-élite que domina esta fase del turbocapitalismo ultraliberal.

En los tiempos de la jibarización del intelecto y de la conversión del periodismo y la industria cultural en armas avanzadas de colonización mental, como bien demuestran los planes de la OTAN para la guerra cognitiva, el libro de Rosa Moro es una herramienta que se adentra, también, en el entramado de expertos, periodistas, centros de pensamiento y políticos que, regados con dinero, participan en la ocultación de un genocidio que podría llegar a sobrepasar el horror del Holocausto nazi.

África no ha estado en el radar comunicativo español, a pesar de contar con un pasado colonial en este continente; no es un debate que preñe nuestras discusiones políticas o periodísticas. En el ámbito de la izquierda, exceptuando lo que respecta al Magreb por la cuestión histórica del Sáhara Occidental, el tratamiento de las cuestiones africanas se hace más cercano al voluntariado de oenegé o a las aproximaciones caritativas del progresismo tercermundista, que a un rigor que debería impregnar una propuesta de política exterior diferente desde los sectores que pretenden un cambio real para nuestro país.

Nada que deba sorprender, pues el mismo aborda miento que se lleva a cabo con todas las cuestiones medulares que deben regir nuestro pensamiento para construir alternativas viables a la posición subalterna como periferia estadounidense y flanco sur de la Unión Europea con nuestra vecindad africana. Frente a análisis serios y rigurosos, la izquierda, que cada vez más es exizquierda, se mueve en una cosmovisión posmoderna y naif que la coloca, cada vez más, en los parámetros de una especie de sucursal del Partido Demócrata estadounidense, abandonando las posiciones del socialismo histórico.

Por eso este libro es tan necesario, porque nos da herramientas para entender de manera multidimensional, por medio de hechos terribles, la realidad de un neocolonialismo criminal del que, queramos o no, forma parte nuestro país, su élite política, su prensa y, por su desinformación, nuestra propia población que vive al margen de la posibilidad, siquiera, de entender el mundo que nos rodea imposibilitada de tomar decisiones políticas para acometer una deriva criminal que, además, es suicida para nuestra propia clase trabajadora.

Conocí a Rosa Moro en un programa de debate internacional, de esos a los que a veces antes nos invitaban, y me dejó cautivado por su verbo ágil y comprensible para entender realidades complejas como las del continente africano. Confirmo que no ha sido solo con la palabra hablada, pues con la escrita ha logrado la misma pericia y este libro lo demuestra. Conseguir una lectura fácil de temas farragosos es un arte que pocos pueden lograr y, como muchas buenas escritoras que antes pulieron su oficio en el periodismo, puedo decir sin equivocarme que Rosa lo ha conseguido.

Tienes en tus manos un libro que entra como el agua, a pesar de ser extremadamente duro. No puedo negar que me ha dejado tocado por el horror y la ocultación de los hechos que describe, pese a lo cual consigue dar datos, testimonios o fuentes mientras devoras sus páginas sin desconectar de la lectura.

Este libro es una fantástica manera de empezar a conocer el continente vecino, no solo a nivel histórico, sino con unos hechos que, aún hoy, siguen produciéndose. También es una prueba de cargo que pone en su sitio a los grandes medios que dominan la información que recibimos que, cada vez concuerdo más con Rosa, nos venden mercancía podrida que nos intoxica el alma. Este libro, finalmente, constituye una buena herramienta para armarnos moral y políticamente frente a un mundo cuyas élites asesinas no dudan en recurrir al genocidio para mantener sus privilegios a costa del sufrimiento de la mayoría de la población mundial.

Por eso, por ayudar a denunciar un genocidio, por reivindicar la justicia para ese continente olvidado, por la valentía, por el rigor y la buena escritura, ¡gracias, Rosa!

Fuente: Umoya