Análisis sobre la intención encubierta de la cúpula de la OTAN de “romper a Rusia”, incluso con un primer ataque nuclear “preventivo” si es necesario, y sobre las diferentes propuestas de solución de la peligrosísima crisis actual

En estos históricos días que estamos viviendo, lo realmente sorprendente es que tengamos que calificar de encubierta una intención de destruir a Rusia que es absolutamente explícita desde hace muchas décadas en la doctrina oficial del establishment estadounidense y OTANista. Una intención de destruirla incluso con un primer ataque nuclear “preventivo” si fuese necesario. El presidente Putin no deliraba ni manipulaba cuando se refirió a ello el pasado 21 de febrero: “Permítanme explicar que los documentos de planificación estratégica de Estados Unidos contienen la posibilidad de un llamado ataque preventivo contra los sistemas de misiles enemigos”. Y, como veremos luego, es probable que tal ataque fuese cada vez más inminente. La ofensiva al Donbass, como mínimo, sí lo era.

Tal es el control de la información en Occidente, que la realidad televisiva cotidiana en la que viven nuestras sociedades está totalmente desconectada de la realidad real. El control, la desinformación y el engaño son de tal magnitud que hace ya más de una década, en el libro La hora de los grandes “filántropos”, no dudé en utilizar la expresión “el secuestro de la información”. Secuestro que solo es uno más, junto al de la democracia, la economía, la educación, las grandes ONG para los derechos humanos y la libertad…

Es evidente que no puede haber ninguna posible solución ni pronóstico correcto sobre la peligrosísima crisis actual si el diagnóstico es erróneo. Veamos pues, ante todo, por orden cronológico, tres artículos cuyos análisis de ella considero verdaderamente acertados: el del Grupo de Estudio de Los Álamos titulado “Una propuesta de solución a la guerra de Ucrania” del pasado día 7, el de Edward Curtin titulado “Al borde de un abismo nuclear” del día 10 y el de la Strategic Culture Foundation titulado “El silencio de Occidente sobre las provocaciones respaldadas por la OTAN que conducen a la guerra de Ucrania” del día 11. Son los tres últimos artículos sobre la guerra de Ucrania publicados hasta el día de hoy en la página www.l-hora.org.

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Sobre el primero hay que comenzar por decir que, en palabras de John Pilger, “El Grupo de Estudio de Los Álamos es uno de los grupos antinucleares más respetados y mejor informados del mundo. Fundado al final de la Guerra Fría en Los Álamos, Nuevo México, donde se diseñaron y construyeron las primeras bombas nucleares, el objetivo del LASG es sacar las armas nucleares de la política exterior. Ha ganado juicios históricos en materia de medio ambiente, derechos civiles y libertad de información en Estados Unidos, ha proporcionado cientos de informes de alto nivel y ha desempeñado un papel crucial en la prevención de la producción de los elementos básicos de las cabezas nucleares de plutonio”.

Antes de ofrecer una Propuesta de solución, el Grupo recuerda, en un breve análisis, la descarada y explícita pretensión de Henry Kissinger en 2015 de “romper a Rusia”. Y la Doctrina Wolfowitz de 1992 sobre la necesidad prioritaria de impedir a toda costa el surgimiento de cualquier posible rival. En concreto, el resurgimiento de Rusia como potencia regional que obstaculice el estatus de Estados Unidos como única potencia dominante. Es decir, el Grupo recuerda que la destrucción de Rusia antes de que pueda progresar más (ese sería su crimen) no es una paranoia rusa sino una pretensión proclamada por el Imperio sin el menor complejo y de modo sostenido.

“La Doctrina de 1992 está elaborada en un infame estudio de la RAND sobre cómo sobrepasar y, en palabras de Kissinger, ‘romper a Rusia’. Esta es la política exterior de Estados Unidos en la actualidad: un hecho bien comprendido por los dirigentes rusos que consideran que su país está efectivamente asediado por Estados Unidos.

La posibilidad de que los misiles estadounidenses apunten a Moscú desde los antiguos países satélites soviéticos, junto con los despliegues de tropas de la OTAN, es la realidad que ven. Una Ucrania militarizada y virulentamente antirrusa que es utilizada como herramienta por Estados Unidos, con un deseo expreso de obtener armas nucleares, a punto de invadir provincias simpatizantes de Rusia en la frontera rusa: todo eso era demasiado para Rusia. Qué suponen que haría Estados Unidos si una situación así se diera en México o Canadá?

Desde 2014, el Grupo de Estudios de Los Álamos ha convertido en parte de nuestra actividad la comprensión del conflicto en Ucrania y su importancia para el mundo. […] En la Administración Obama, llevamos nuestras preocupaciones a las oficinas del Consejo de Seguridad Nacional, y nos horrorizó la falta de conocimiento y comprensión que encontramos allí.

Muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) han tomado posiciones sobre este conflicto. En nuestra opinión, la mayoría de sus declaraciones (no todas) son superficiales, y/o omiten las causas de la invasión tal y como las entiende Rusia, o se ajustan a la propaganda de Estados Unidos y la OTAN.

El hecho de que Estados Unidos y la OTAN no hayan respetado durante décadas la posición de Rusia y no hayan proporcionado una respuesta humana y razonable a sus necesidades de seguridad es la principal, si no la única causa material del presente conflicto.

[…] El gobierno de Ucrania ha negado los derechos humanos y la autodeterminación política a los pueblos del Donbass. Unas 13.000 personas han muerto durante los ocho años transcurridos desde el golpe de Estado de 2014, según las Naciones Unidas. El Gobierno ucraniano tiene políticas abiertamente genocidas hacia las minorías rusas. Desde el golpe de Estado de 2014, patrocinado por Estados Unidos, este país y sus aliados europeos han utilizado a Ucrania para socavar la seguridad rusa.

Las formaciones e ideologías nazis y neonazis en Ucrania representan un claro peligro para los derechos humanos y la vida humana en todo el mundo.

Las organizaciones por la paz y el desarme nuclear deberían estar alarmadas por el apoyo de las ONG a los esfuerzos de Estados Unidos para demonizar y desestabilizar a Rusia.”

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El segundo de los artículos, el de Edward Curtin titulado “Al borde de un abismo nuclear”, es más estremecedor aún si cabe. Está escrito no solo desde la información sino a la vez desde la intuición. Su autor es un gran conocedor del mundo interno de Estados Unidos, de su historia (incluyendo la provocación del golpe de Ucrania), y de la sociología política y bélica. Sin embargo reivindica la intuición como vía para acertar en la lectura de los acontecimientos actuales:

“En la actualidad, Estados Unidos está dirigido por hombres ilusos que defienden una política de primer ataque nuclear, lo que dice todo lo que hay que saber sobre el peligro que corre el mundo. […] Rusia, de espaldas a la pared, atacó a Ucrania. Es obvio que esto es exactamente lo que Estados Unidos quería o habría actuado de manera muy diferente en el camino hacia esta tragedia. Todo el actual apretamiento de manos es pura hipocresía, el nihilismo de una potencia nuclear nunca amenazada pero cuyos planes estaban calculados para amenazar a Rusia en sus fronteras. […]

La propaganda de los medios de comunicación contra Rusia y Putin es la más extrema y extensa que he visto en mi vida. […] Patrick Lawrence señala acertadamente que esta propaganda es una guerra cognitiva dirigida a la población estadounidense (y al resto del mundo) y señala su conexión con el borrador final de enero de 2021 de un estudio ‘diabólico’ de la OTAN llamado ‘Guerra cognitiva’. Lo cita así:  ‘El cerebro será el campo de batalla del siglo XXI’ […].

Para decirlo claramente: estos medios son la CIA. Y el tema de la investigación y el desarrollo de armas biológicas por parte de Estados Unidos es fundamental en estos muchos asuntos, incluso en Ucrania. En otras palabras, la guerra cognitiva a la que estamos sometidos ahora tiene muchos tentáculos conectados con mucho más que la fanática propaganda antirrusa de hoy sobre Ucrania. Todas las guerras de agresión de Estados Unidos han sido promovidas bajo su égida, al igual que las mentiras sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001, la guerra económica de las élites, la crisis de la COVID, etc. Forma parte de lo mismo. […]

El consenso de los expertos tiende a ser que Estados Unidos desea arrastrar a los rusos a una larga y prolongada guerra de guerrillas en la línea de su uso secreto de los muyahidines en Afganistán en 1979 y después. Hay pruebas de que esto ya está ocurriendo. Pero creo que los estrategas estadounidenses saben que los rusos son demasiado inteligentes para eso, que han aprendido la lección, y que se retirarán una vez que sientan que han logrado sus objetivos. Por lo tanto, desde la perspectiva de Estados Unidos y la OTAN, el tiempo es razonablemente corto y deben actuar con rapidez, quizás realizando una operación de falsa bandera que justifique una respuesta drástica, o subiendo el ritmo de alguna otra manera que parezca justificar el uso de armas nucleares, quizás tácticas al principio.

[…] Pero en cualquier caso, lamento decir que, tal vez porque mi perspectiva es la de un analista general, no la de un experto, y mi pensamiento está informado tanto por el arte como por las ciencias sociales y la historia, mis antenas captan un mensaje muy inquietante. Una voz me dice que el peligro es hoy muy, muy real.”

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Finalmente veamos el tercero de los artículos, el de la Strategic Culture Foundation titulado “El silencio de Occidente sobre las provocaciones respaldadas por la OTAN que conducen a la guerra de Ucrania”. Está centrado en el gran problema de la desinformación y en la gravedad de las responsabilidades de los medios. Y está encabezado así: “El silencio de los medios de comunicación occidentales sobre las causas del enfrentamiento y la implicación criminal de sus propios gobiernos es una complicidad en la creación de las condiciones para la guerra”. Hace también hincapié en la gravedad y la inminencia de las amenazas sufridas por el Donbass y toda Rusia: “Esas amenazas eran mayores y más acuciantes de lo que se entendía hasta ahora, lo que presagiaba el conflicto militar que está en marcha en Ucrania”. Este es su inicio:

«Rusia aportó esta semana más pruebas de que la OTAN y el régimen de Kiev estaban planeando una ofensiva mortal en Donbass, a la que Rusia se adelantó con su intervención militar a partir del 24 de febrero. Rusia ha calificado su intervención como una operación militar especial, mientras que los estados occidentales la han condenado como ‘una invasión no provocada’ de Ucrania.

Se intuye que es absolutamente imperativo que los medios de comunicación occidentales nieguen todas las afirmaciones de Rusia sobre los motivos por los que emprendió la acción militar. Hacerlo podría llevar a reconocer que Rusia tiene una causa justa, así como atribuir una responsabilidad grave a los gobiernos occidentales.

También hay que tener en cuenta, aunque los medios de comunicación occidentales también lo nieguen, que Moscú intentó asiduamente abordar sus problemas de seguridad mediante el diálogo con Estados Unidos y sus socios de la OTAN. Pero esos esfuerzos fueron continuamente rechazados. Se trató a Moscú como si fuera una entidad inexistente cuyas preocupaciones de seguridad desde hace tiempo eran inexistentes o un producto de su imaginación.

La última información que Rusia ha presentado esta semana y que corrobora sus afirmaciones implica una grave amenaza multidimensional para la seguridad nacional. La gravedad de las amenazas hace que sean imposibles de ignorar, lo que hace que el silencio de los medios de comunicación occidentales sea aún más condenable. […] hasta ahora, Rusia ha identificado tres áreas principales en las que su seguridad nacional estaba siendo amenazada por el régimen de Ucrania respaldado por Estados Unidos y la OTAN.”

Cada uno de los probables ataques en cada una de esas tres áreas son extremadamente graves: una gran ofensiva en el Donbass, el proyecto encubierto pero real de convertir a Ucrania en un estado con armas nucleares y los importantes laboratorios estadounidenses de guerra biológica descubiertos en Ucrania. Tras insistir en que Rusia necesitaba lanzar su operación militar para cortar en seco el plan imperial articulado por personas como Zbigniew Brzezinski, concluye así:

“Esta semana el gobierno ruso ha vuelto a expresar su disposición a un compromiso diplomático para poner fin a la guerra en Ucrania. Quiere un compromiso para poner fin a la amenaza sistémica de la OTAN, el fin de la agresión por parte del régimen de Kiev respaldado por la OTAN y el reconocimiento de su histórica reclamación territorial sobre Crimea. El diálogo racional puede resolver el conflicto y garantizar la paz. Pero, ¿cómo es posible el diálogo cuando los gobiernos y los medios de comunicación occidentales ni siquiera empiezan a aceptar una perspectiva alternativa, y mucho menos una que pueda ser válida?”

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Antes de entrar ya en la propuesta de solución para la guerra de Ucrania formulada por el Grupo de los Álamos, será muy aleccionador estudiar otra, la de Vicenç Fisas (titular de la Cátedra UNESCO sobre Paz y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Barcelona. Doctor de Peace Studies por la Universidad de Bradford). Será aleccionador por contraste y a fin de poder valorar la anterior en su justa medida. La de Vicenç Fisas es una propuesta que ejemplifica aquellas que caen de lleno en lo políticamente correcto. Eso es precisamente lo que primero me llama la atención de ella: una vez más, como ya sucedió en la gran tragedia de Ruanda y Zaire-Congo, los planteos de Vicenç Fisas vuelven a ser los políticamente correctos.

Sin caer en los bárbaros excesos de gentes como John Carlin, Ramón Lobo o Alfonso Armada (presidente de Reporteros sin Fronteras España hasta finales de 2021), los sibilinos análisis y formulaciones de expertos como Vicenç Fisas o los del CIDOB (apoyados generosamente por la Open Society del magnate globalista George Soros) son aún más peligrosos. De hecho hicieron un enorme daño en la información, tan sensible, sobre aquella tragedia africana que engulló millones de vidas y dejó muchas más profundamente heridas.

Casualmente, sus planteos coinciden exactamente con los que en este momento formulan los presidentes Biden y Zelenski: ¡El paranoico Putin debe detener su agresión y sentarse a dialogar y negociar! Maravilloso, ¡¡No a la guerra… de “el Putin”!! A diferencia de otro catalán como Rafael Poch, auténtico experto en Rusia, que tiene muy claro que “En Ucrania, occidente es culpable”, esos expertos catalanes, expertos en todo y que valen para todo lo que se les mande, tienen todo muy claro: Putin es un paranoico. El artículo de Vicenç Fisas del pasado 6 de marzo titulado “La desnudez del pacifista ante la guerra” se inicia dejando bien sentada “la paranoia de Putin”. Por cierto, en su artículo Rafael Poch se refiere al CIDOB, que tiene por presidente a Javier Solana, ex-secretario de la OTAN, y a la financiación de estos think tanks tan “independientes”.

En este momento de consignas absolutamente extremistas, los jefes de la propaganda OTANista están volviendo a sentar en los platós de las televisiones españolas a los pesos pesados de la Gran Mentira en la otra gran operación, la de la conquista de Ruanda y Zaire-Congo. Los vuelven a sentar frente a las cámaras para que digan auténticas barbaridades como esta: “No hay imágenes de las masacres del Donbass porque, sencillamente, no existieron”. O como esta: “Putin está arrasando Ucrania como arrasó Siria”. Lo cual, por otra parte, confirma que la conquista de los extraordinarios recursos del Zaire-Congo fue tan importante para los contratistas de estos mercenarios de la Mentira como la actual crisis de Ucrania.

Vicenç Fisas inicia su artículo del pasado 9 de marzo titulado “Ucrania: las propuestas que nadie quiere escuchar” con un sensato discurso de prevención anticipada del conflicto. Al parecer nadie le escuchó en el momento en el que, “de manera discreta y directamente a los centros de decisión política”, él aportó sus ideas. Envió “una propuesta específica a la diplomacia española y europea al más alto nivel”. Concluye así su segundo párrafo: “Lo cierto es que no recibí ni tan solo acuse de recibo, silencio total. Hasta incluso pensé si no estaría haciendo algo ingenuo, ya que en otras ocasiones había tenido mejor aceptación”.

Pero, ¡oh sorpresa!, no está hablando de prevenir el conflicto durante, al menos, los ocho largos años durante los que se masacró a las poblaciones de ascendencia rusa en el Donbass y durante los que Rusia pidió reiteradamente que no se despreciasen sus llamamientos sobre su propia seguridad. Está hablando simplemente de “el enero o comienzos de febrero, cuando las tropas rusas se estaban agrupando alrededor de la frontera con Ucrania, semanas antes de comenzar la ocupación”.

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A continuación, Vicenç Fisas afirma: “Por su parte, el International Crisis Group, el centro más importante de Europa en prevención de conflictos, publicó un documento en el que también hacía un razonamiento semejante. Por tanto ni estaba solo ni era un loco”. Pero yo me pregunto: ¿Cómo se puede hacer tal elogio del International Crisis Group? En el apartado “El secuestro de las grandes ONG para los derechos humanos, la democracia y la libertad” del libro La hora de los grandes “filántropos” ya me referí al International Crisis Group, el gran referente de Fisas:

“No es casual que el título del libro en el que Zbigniew Brzezinski expuso en 1997 todo este proyecto imperial para el Siglo XXI sea El Gran Tablero de ajedrez. Estas gentes se saben sobremanera inteligentes, se sienten seres superiores al resto de los mortales… ¡son los artífices del Nuevo y Definitivo Mundo Globalizado con el que la humanidad llega a su destino final! Es El fin de la Historia que proclamaba en 1992 otro ilustre trilateralista, Francis Fukuyama. Incluso se sienten, por ello mismo, auténticos benefactores de la humanidad. Zbigniew Brzezinski, en concreto, ha ostentado u ostenta el título, entre otros muchos, de miembro de los consejos directivos de algunas grandes ONG para los derechos humanos, la democracia y la libertad como Freedom House, National Endowment for Democracy, International Crisis Group y Amnistía Internacional.”

En cuanto al International Crisis Group, expliqué lo siguiente:

“Con frecuencia se pueden encontrar magníficas valoraciones sobre su ‘respetada’ labor, valoraciones como las que leemos en Wikipedia:

Es una organización no gubernamental internacional sin ánimo de lucro. Su principal objetivo es el de prevenir y solucionar conflictos a lo largo del mundo. Se caracterizan por su objetividad y su notable independencia política. Esta organización es altamente considerada, y sus estudios y resoluciones son tenidos en cuenta por gobiernos de todo el mundo, incluso por instituciones intergubernamentales como la Unión Europea o las Naciones Unidas. Fue fundada en 1995 por el británico Mark Malloch Brown (exvicepresidente de la ONU y del Banco Mundial) y otras diferentes personalidades políticas y sociales de ambos lados del Atlántico como respuesta de paz a las tragedias ocurridas en Somalia, Ruanda y Bosnia. Comenzó humildemente con dos personas en una oficina de Londres y un equipo de trabajo de campo en los Balcanes y el oeste de África. Su trabajo fue tan bien valorado que actualmente participan aproximadamente 190 personas de 49 nacionalidades diferentes con sede principal en Bruselas y sede diplomática en Washington. Además cuenta con un total de 17 oficinas en Asia, África, Europa y Sudamérica.

Pero si queremos encontrar una coherencia lógica entre semejantes elogios y la realidad, el problema aparece cuando nos enteramos de que en julio de 2009 asumió el cargo de presidente y jefe ejecutivo nada menos que la canadiense Louise Arbour. Como ya expuse en el primer volumen de esta obra, la exfiscal del TPIR (Tribunal Penal Internacional para Ruanda con sede en Arusha, Tanzania) y alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha sido una mujer dócil y cómplice hasta el descaro con los grandes intereses anglosajones que han ensangrentado el África de los Grandes Lagos.”

En otro apartado posterior del mismo libro recojo unas interesantes informaciones sobre el International Crisis Group proporcionadas por nuestro amigo Keith Harmon Snow el 12 de marzo de 2010 en su documentado informe titulado “The Rwanda Hit List: Revisionism, Denial, and the Genocide Conspiracy”:

“El Christian Science Monitor también ha estado practicando periodismo inquisitorial para el EPR/FPR [Ejército Patriótico Ruandés/Frente Patriótico Ruandés] a través de Max Delany y Scott Baldauf. El Christian Science Monitor promueve propaganda del Gobierno de EE.UU. a través John Prendergast y los agentes de Inteligencia del International Crisis Group, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., bajo William Jefferson Clinton, y Guillaume Lacaille, ex alto funcionario de Asuntos Políticos de las Naciones Unidas y agregado de la Embajada de EE.UU., los cuales protegen el saqueo del este de Congo por parte de las corporaciones occidentales (Banro Resources, Cabot, Moto Gold, Anglo-Ashanti, etc.). Por supuesto, el Africom del ejército de EE.UU. está por toda África Central, apoyando, entrenando y financiando al EPR/FPR y al UPDF [Uganda People’s Defence Forces], construyendo bases en Ruanda, Uganda, Congo y en el sur de Sudán. Y las misiones punitivas están dirigidas por el Comando de Operaciones Especiales del Pentágono (SOCOM): operaciones encubiertas, escuadrones de la muerte, operaciones ilegales de secuestro, guerra sicológica, y otras acciones terroristas del tipo de las que llevaron al EFR/FPR al poder.”

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Así, Vicenç Fisas va llegando a conclusiones como esta: “[…] visto como han ido las cosas, es muy probable que el Gobierno ruso no estuviese en actitud de escuchar nada, ya que engañó a todos diciendo, cada día, que de ninguna manera invadiría Ucrania. Todos los esfuerzos diplomáticos para detener la guerra fueron en vano”. En comparación con las bárbaras afirmaciones de los otros expertos que he citado más arriba, esta forma tan descarada de responsabilizar a Rusia podría ser calificada de sutil.

El artículo concluye con su “Propuesta sobre el conflicto OTAN-Rusia en relación a Ucrania”. El texto está encabezado por unas consideraciones tan sensatas como estas: “las distancias entre la OTAN y Rusia están motivadas por hechos del pasado interpretados de manera diferente” (¿seguro?); “el fondo del conflicto es una necesidad postergada durante años, que es la de definir una arquitectura de seguridad europea que sea inclusiva y que vaya más allá de la política de bloques que caracterizó la Guerra Fría” (¡¡!!); “las bases para una posible salida de la crisis ya existen en documentos firmados por todas las partes implicadas”; “se trata de encontrar los puntos en común ya existentes, para, desde aquí poder empezar un proceso de DIÁLOGO”… Finalmente formula la Propuesta en 14 puntos desde este mismo tenor, 14 puntos igualmente sensatos.

Entonces, ¿por qué me dedico a realizar la crítica de una propuesta y unas intenciones tan sensatas e incluso moderadas? Pues sencillamente porque, tras más de cuarenta años de moverme en el ámbito de la no-violencia, la experiencia me ha demostrado que, detrás de todo ese tipo de ONGs, detrás de todo ese tipo de propuestas y documentos, siempre hay, en mayor o menor medida, una conexión con grandes organizaciones como las cuatro anteriormente citadas en las que Zbigniew Brzezinski, el fundador de la Trilateral por encargo de David Rockefeller, siempre formaba parte de los consejos de dirección. O siempre hay una financiación directa de organismos “defensivos” de la Administración estadounidenses o de fundaciones como las de George Soros. Y, sobre todo, realizo mis críticas porque el verdadero principio que rige este mundo oscuro y opaco, aunque con fachada de solidaridad, no es otro que el talk & fire imperial: atacar mientras se hace como que se dialoga y se negocia.

Un supuesto experto en Ruanda, como es considerado Vicenç Fisas («¡sus artículos los publica El País!«, me decía con admiración un ingenuo amigo) en una Catalunya y una España absolutamente ignorantes del conflicto ruandés, debería saber cosas tan elementales como esta: mientras se entretenía a los ingenuos gobiernos de Ruanda y Burundi en las negociaciones de Arusha, el gendarme estadounidense Paul Kagame derribaba el avión presidencial el 6 de abril de 1994. Los presidentes de ambos países junto a sus respectivas comitivas del más alto rango retornaban precisamente de esas engañosas negociaciones. Esos son los diálogos y las negociaciones del Imperio de la Mentira. ¿Qué le pasó a Vicenç Fisas que ya entonces no lo supo ver e impartió entonces una doctrina aún más penosa que la que imparte ahora?

No es mi intención destruir tantos prestigios académicos de nadie. Solo pretendo decir ¡Basta! a tanta falacia criminal, a tanto cinismo de unos y a tanta ingenuidad, parcialidad o complicidad de sus intelectuales afines o a sueldo. Hay demasiada injusticia y demasiado sufrimiento como para que no levantemos la voz quienes somos conscientes de ello. Rusia no se enfrenta a personas tratables con las que se puede dialogar y negociar, sino a seres auténticamente enfermos de ambición, de afán de poder, de hipocresía y cinismo. Seres que no solo acabarán con Rusia en cuanto puedan sino que están llevando a sus propias naciones hacia el abismo. Tanta información sin intuición alguna, como si la inteligencia humana fuese semejante a un ordenador, no solo es inútil sino hasta peligrosa.

¿Cómo se puede ser tan incapaz de reconocer los signos (¡y documentos oficiales!) tan evidentes que rodean a un proyecto de dominación mundial? ¿Cómo se puede ser no ya tan parcial a favor de Occidente, como estas gentes lo son, sino simplemente equidistante, equiparando los crímenes “de ambas partes”? ¿Cómo pueden creer que aquellos que representa el presidente de la OTAN, Jens Stoltenberg, están realmente interesados en una arquitectura europea de convivencia pacífica? ¿No saben lo que es el talk & fire y como ha sido practicado sistemáticamente durante décadas en decenas de conflictos? ¿O piden que Rusia pare su agresión y se siente a negociar precisamente porque sabe muy bien que eso es lo que ahora interesa a un Imperio que durante muchos años ha despreciado a la Rusia que precisamente pedía eso mismo?

¿Cómo se puede pensar que Putin, al igual que Biden o Johson, con la guerra solo pretende tapar sus problemas internos, reactivar la economía (los beneficios armamentísticos), controlar las propias poblaciones aumentando la cohesión interna y la represión de la disidencia, recuperar la audiencia de los grandes medios, aumentar los precios en beneficio de las empresas, o crear enemigos contra los que se vive mejor?

Finalmente, ¿Cómo se puede pensar que el derecho a la legítima defensa es siempre una trampa? Quienes eso afirman ¿serían capaces de decírselo  cara a cara a europeos como Espartaco, los héroes de la Resistencia francesa o los del sitio de Stalingrado. O a sudamericanos como el Che Guevara y Salvador Allende. O a africanos como Patrice Lumumba y Nelson Mandela, que pasó casi tres décadas en prisión por negarse a firmar en un papelito su renuncia a la lucha armada?

No es esa mi no-violencia. Será la de Gene Sharp. La mía no es la que niega a los pueblos el derecho a la legítima defensa. Creo que ni tampoco era la del mismo mahatma Gandhi. Basta leer sus escritos en profundidad. Mi no-violencia es la de dar yo mismo mi propia vida pero no la de exigirles a los demás que se dejen asesinar tras ver como violaban y asesinaban antes a sus hijas. Eso no es no-violencia, eso es la cobardía que tanto rechazaba Gandhi. Eso es la estupidez y la arrogancia de intelectuales burgueses europeos de salón y café que nunca pasaron por trances tan terribles.

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Veamos finalmente qué medidas nos propone el Grupo de Los Álamos para la solución del peligrosísimo conflicto en el que cada vez se encuentra más inmersa toda la humanidad. No son medidas unilaterales como las que he criticado antes. No pide solo a Rusia que detenga su agresión y se siente a negociar. Pide:

  • Que nuestros propios países tengan la verdadera voluntad negociadora que hasta ahora no se les ha visto.
  • Que se ponga fin a la escalada y ampliación del conflicto.
  • Que nuestros países no introduzcan armas, ni realicen actividades militares, proporcionen entrenamiento o apoyo de ningún tipo a Ucrania.
  • Deben levantarse todas las sanciones económicas.
  • Debe haber una desnazificación cuantificable de Ucrania.
  • Deben ser aceptadas la independencia de la región del Donbass dentro de los límites administrativos anteriores al conflicto y la decisión democrática de Crimea de volver a unirse a Rusia.
  • Debe haber una neutralidad y desmilitarización reales de Ucrania.
  • Las zonas civiles no deben ser utilizadas como bases militares o de artillería. Esto es ilegal, de hecho. Hay pruebas de que las Fuerzas Armadas ucranianas están realizando esta odiosa práctica.
  • No se debe permitir que Ucrania entre en la OTAN.
  • La OTAN debería disolverse. La mayor alianza militar del mundo, la OTAN, consume más recursos que todos los ejércitos del mundo juntos, y ha llevado a cabo múltiples guerras de agresión, violando la Carta de la ONU y los principios de Nuremberg.
  • Estados Unidos y los cinco estados que albergan armas nucleares estadounidenses deberían poner fin, conjunta o individualmente, a los acuerdos de hospedaje nuclear, así como a la formación de pilotos no estadounidenses en el uso de armas nucleares y al posible uso de aviones de doble capacidad no estadounidenses para misiones nucleares.

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En conclusión

  • Es increíble la ceguera, torpeza o cinismo de la gran mayoría de los profesionales occidentales de la “información”. ¿Es que no se dan cuenta de que, como piezas imprescindibles de este delirante y suicida proyecto imperial, nos están llevando al abismo nuclear? Si son ciertos los análisis de quienes estamos en una línea absolutamente opuesta a la de estos peligrosos suicidas atlantistas, el presidente Putin no es ni el loco ni el monstruo que se empeñan en mostrarnos. Sería, por el contrario, el hombre que ha desbaratado el inminente e irreversible paso que estaban a punto de dar aquellos que Edward Curtin califica como “los locos nucleares que dirigen la Nueva Guerra Fría de Estados Unidos y la OTAN, que iniciaron hace décadas, [y que ] están deseando empezar una guerra nuclear con Rusia”.
  • Desde hace un tiempo la consigna imperial es la de calificar esta guerra como una aventura imperial del paranoico Putin. Una aventura que no se detendrá en Ucrania. Y para colarnos semejante farsa nos sacan imágenes “imperiales” del nuevo zar junto al patriarca de la Iglesia Rusa y otras miserables cosas por el estilo. Es increíble el cinismo para dar la vuelta a la realidad. Su realidad es la de un paranoico zar solo frente a la comunidad internacional. Es el cinismo de Estados Unidos que, tras azuzar a Ucrania y a Europa a la guerra, las abandonará, como hizo en Afganistán. Para Estados Unidos no hay aliados sino vasallos.
  • Y lo más grave: es el Imperio de la Mentira. Es increíble ver a las televisiones y al mismo Jens Stoltengerg negar tajantemente la existencia de una realidad tan alarmante como son los laboratorios de armas biológicas estadounidenses en Ucrania días después de que la misma Victoria Nuland lo haya reconocido públicamente. O las mentiras sobre el bombardeo del hospital maternal, sobre los megayates de “el Putin”, etc. etc. O el silencio sobre el lanzamiento contra el Donbass de bombas ucranianas de racimo, prohibidas y terriblemente dañinas para los civiles.
  • Nuestros profesionales de la información se preguntan: ¿Hasta dónde llegará el paranoico nuevo zar con su proyecto imperial? Pero yo me pregunto: Dada la gravedad y el tamaño de sus mentiras, ¿hasta dónde está dispuesta a llegar la OTAN? Es una pregunta bien preocupante.

El documental producido por Oliver Stone "Ukraine on Fire" (2016), subtitulado en castellano, se puede ver a partir del minuto 8